Un Río de Libros y la formación de una orilla democrática en el Sinú

Por Juan Carlos Rico Noguera

Del 15 al 18 de octubre de 2026 transcurrió la undécima edición de Un Río de Libros, con invitados notables. Gracias a ese evento, mi exigua biblioteca, que es la de un nómada que está apenas estableciéndose en una de las riberas monterianas del Sinú, creció con adquisiciones que considero no solo narrativamente sobresalientes, sino también urgentes para la promoción y la defensa de la democracia.

Algunos lectores podrán preguntarse, con toda razón, por qué alguien debería interesarse por la promoción y la defensa de la democracia cuando a nuestro alrededor hay tantas crisis urgentes. La injusticia social, la impunidad, la crisis medioambiental, la corrupción o la inseguridad son solo algunos ejemplos. Pues bien, desde este espacio de opinión emergente que es el Grupo Keradó, yo estaré respondiendo esa pregunta, una que personalidades como Mauricio García Villegas, Alejandro Gaviria, Rodrigo Uprimny, Patricia Lara Salive, Mario Mursich y hasta Daniel Samper Ospina trajeron a la ciudad en el marco de su undécima feria del libro.

A pesar de que este es el primero de mis textos publicados en el medio del Grupo Keradó, no es el primero que escribo para él. El primero que escribí fue una interpretación democrática de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella (ADLE), una que me tomó trabajo debido a mis preconcepciones negativas de cara al nuevo gobierno nacional. A pesar de que fui crítico de algunos elementos que el acto mostró (como el interludio religioso o el intento de politizar a la fuerza pública), intenté señalar también aquellos espacios donde el nuevo gobierno demostraba voluntad de respetar la democracia.

Lo que impidió su publicación no fue ni mi criticidad ni mi intento por conceder el principio de buena fe al gobierno que iniciaba. Fue, más bien, que en menos de dos meses el gobierno de ADLE empezó a dar señas de que clausuraría los espacios de respeto a la democracia que anunció en su posesión. Mi artículo inicial parece ahora un ejercicio de ingenuidad intelectual antes que uno de análisis serio. Manuel Viloria, uno de los fundadores de este medio, decidió no publicarlo como una cortesía hacia mí. Se lo agradezco enormemente.

El hecho de que mi artículo perdiera vigencia tan rápidamente es, para mí, una señal inequívoca del deterioro acelerado de la democracia en el país, una democracia que, aunque nunca ha sido particularmente fuerte, ha mostrado promesas en momentos clave de la historia reciente, como la redacción de la Constitución de 1991 o la firma del acuerdo de paz en 2016. Por eso considero imperativo utilizar este espacio no solo para recordar las virtudes de la democracia, sino también para señalar esos lugares donde su estructura se está carcomiendo y aquellos en los que hay nuevas estructuras por construir. De manera informal y no invitada, me uno así al proyecto Imaginar la democracia, una iniciativa que Alejandro Gaviria, Rodrigo Uprimny y Mauricio García Villegas presentaron en la feria Un Río de Libros.

En las márgenes del Sinú, como he venido aprendiendo desde que llegué del interior del país, siempre hubo prácticas democráticas. Lastimosamente, muchas de ellas han sido perseguidas y exterminadas, como deja ver la historia de la Universidad de Córdoba o el destino funesto que han tenido que enfrentar diversos movimientos sociales y políticos.

Aprovechando quizá el inmenso privilegio de mi posición en este territorio, uno que muchos no tuvieron antes o que todavía no tienen por razones distintas, quiero que ahora se forme una orilla desde donde la democracia, como sistema de organización colectiva, se pueda pensar, se pueda promover y se pueda defender. El Grupo Keradó está formando una nueva orilla democrática en el Sinú y me alegra ser parte de eso.